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Inspiration: Diseño Grafico y mas | [ Improve your knowledge ] | The Written Art | Tema: Tellin' Tales [ Relatos Propios ] « anterior próximo »
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Autor Tema: Tellin' Tales [ Relatos Propios ]  (Leído 8115 veces)
Mario Halliwell
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« en: 24 de Mayo de 2009, 16:44:33 »

Hola!

Bueno, pues se nos ocurrio a Cris (nahe), Mari (kuy) y a mi (mas a ellas dos que a mi xD) de crear este tema, donde podamos exponer cosas que hayamos escrito nosotros: relatos cortos, algunos parrafos de novela... lo que sea, para ver la opinion del resto, o si pueden ayudar a continuar o modificar algunas cosas que no queden bien o donde nos hayamos quedado atascados.



Aqui empiezo yo con lo mio, que ya esta algo cambiado gracias a las ideas de Cris Luvoso


'¡No te vayas!'. Su voz resonó contra las paredes y el techo de ese porche de piedra. Ambiciosa como siempre, la lluvia intentaba ahogar su voz con sus aguas torrenciales y bañar sus encuentros con el mismo silencio, que ya era otra parte de ellos. Mientras le miraba a él y esperaba a que se diese la vuelta, se frotaba los brazos. No lo hacia por el frio del tiempo, lo hacía por otro frío, peor aún si cabía. Era el del miedo, el miedo que sentía por dentro. En el fondo sabía que esta sería la ultima vez que le vería, no habría otro encuentro y no volvería a sumergirse en esos ojos azules, profundos como el mismo mar. Ese era el único lugar donde encontraba la paz, la tranquilidad que tanto ansiaba: el único sitio donde quería estar. Caminó despacio hacia él, que aún le daba la espalda. Podía oir la lluvia intentar tapar el ruido de sus pasos resonantes. Parecían querer vencerse el uno al otro: la lluvía parecía querer callarlos, dejarlos suspendidos en el aire, evitar su vuelo, matar su amor. Sus pasos, por contra, no querían nada más que darle alas a ese amor, lanzar un grito desesperado para evitar que se consuma la esperanza de los dos corazones jóvenes. Cuando llegó a su altura le abrazó por la espalda y se ciñió a él. No queria dejarle escapar, aunque sabía que este vuelo iba a hacerlo él solo. Cerró los ojos y dejó que la presencia de él le invadiese por sus otros sentidos. Se deleitaba con cada pizca de aroma que olía, con cada centímetro de piel que tocaba... 'No te vayas' volvió a decir en un susurro, pero él le contestó  que no tenía otra opción, que tenía que irse para dejar de ponerla en peligro. Ella sabía por qué lo hacía. Sintió el amago de él por querer liberarse y tras varios intentos los consiguió. Ella abrió los ojos y le vio internarse en la lluvia. A cada paso que él daba, el corazón de ella iba deshilachándose. Un grito rasgó el aire al ver el cuerpo derrumbarse en un suspiro, abatido. Ese grito perforó la gran lluvia, quien había sido el cómplice perfecto para el asesinato, testigo de los repetidos encuentros y encubridora de los pasos de los captores. Echó a correr entre la lluvia, recogiendo los bajos de su vestido. Unicamente podía oirsele a ella repetir su nombre rasgando su garganta. Se arrodilló al llegar a su cuerpo tendido. Le dio la vuelta y le vio, luchando por permanecer al lado de la persona que inspiraba su corazón. Intentó esbozar una sonrisa y un enorme dolor se reflejo en su rostro. 'No te vayas' dijo ella sollozando, mientras se inclinaba. Y deleitó su último sentido: el tacto y sabor de sus labios nunca fueron mejores. Ella sabía la razón de todo esto. Únicamente fueron castigados por no obedecer y por querer ser libres, ser ellos mismos. Al separar sus labios fue capaz de sentir como él exhalaba su ultimo aliento. Lloró sobre su pecho inerte. Oyó unos pasos que se acercaban y un sonido de un arma. Se incorporó, sabiendo lo que le deparaba el destino. Y, por última vez, la lluvia fue cómplice y encubrió lo sucedido con esos dos jóvenes amantes, celosa por tal muestra de amor puro.


A ver si asi queda mejor =P
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♥ Gracias  Javi ♥


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Me ha guiñao un ojo kiaaaaaaa!! xDD Gracias Javi ♥


« Respuesta #1 en: 24 de Mayo de 2009, 17:03:01 »

ps eso WD seguimos porque casi me da un jama xDDDD
Podía oir la lluvia intentar tapar el ruido de sus pasos resonantes.

Ruidos y resonantes en la misma frase? ^^' aunque no se refiera al ruido, sino a los pasos, suena bastante mal xD Si lo utilizases como un verbo: "resonando entre las paredes de la sala" o "que resonaban en el entarimado de la casa" (sala xD) valdría, pero no resonantes :S

Cuando llegó a su altura le abrazó por la espalda y se ciñió a él.
Ya te lo corregí antes sin decirlo pero es "ceñir" se "ciñó" :P por si aca lo vas a entregar por ordenador xD


No queria dejarle escapar, aunque sabía que este vuelo iba a hacerlo él solo. Cerró los ojos y dejó que la presencia de él le invadiese por sus otros sentidos.
Mucho "él" veo bastante seguido suspi quita el primero xP y el segundo xDDDDDDD el primero es despreciable, y el segundo sustituíble por un "su" :P

Ese grito perforó la gran lluvia,
te pasa como antes con el cielo ^^' se entiende pero la lluvia no se perfora xDDDDDDD se perfora si acaso el silencio :P o se rompe, se quiebra la quietud, pero la lluvia? ^^' si acaso reverbar xD


Ella sabía la razón de todo esto. Únicamente fueron castigados

yo quitaría el "únicamente fueron" cambiándolo por un "...amos, empezaría desde el "ella" ^^' quitándolo. Y el resto en plan "Sabía la razón de todo aquello. Habían sido castigados ......


por lo demás bien ^^ explicas mejor lo otro y todo :P
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« Respuesta #2 en: 24 de Mayo de 2009, 19:10:10 »

Te voy a llamar la Doctora Honoris WD xD

'¡No te vayas!'. Su voz resonó contra las paredes y el techo de ese porche de piedra. Ambiciosa como siempre, la lluvia intentaba ahogar su voz con sus aguas torrenciales y bañar sus encuentros con el mismo silencio, que ya era otra parte de ellos. Mientras le miraba a él y esperaba a que se diese la vuelta, se frotaba los brazos. No lo hacia por el frio del tiempo, lo hacía por otro frío, peor aún si cabía. Era el del miedo, el miedo que sentía por dentro. En el fondo sabía que esta sería la ultima vez que le vería, no habría otro encuentro y no volvería a sumergirse en esos ojos azules, profundos como el mismo mar. Ese era el único lugar donde encontraba la paz, la tranquilidad que tanto ansiaba: el único sitio donde quería estar. Caminó despacio hacia él, que aún le daba la espalda. Podía oir la lluvia intentar tapar el ruido de sus pasos. Parecían querer vencerse el uno al otro: la lluvía parecía querer callarlos, dejarlos suspendidos en el aire, evitar su vuelo, matar su amor. Sus pasos, por contra, no querían nada más que darle alas a ese amor, lanzar un grito desesperado para evitar que se consuma la esperanza de los dos corazones jóvenes. Cuando llegó a su altura le abrazó por la espalda y se ciñó a él. No queria dejarle escapar, aunque sabía que este vuelo iba a hacerlo solo. Cerró los ojos y dejó que su presencia le invadiese por sus otros sentidos. Se deleitaba con cada pizca de aroma que olía, con cada centímetro de piel que tocaba... 'No te vayas' volvió a decir en un susurro, pero él le contestó  que no tenía otra opción, que tenía que irse para dejar de ponerla en peligro. Ella sabía por qué lo hacía. Sintió el amago de él por querer liberarse y tras varios intentos los consiguió. Ella abrió los ojos y le vio internarse en la lluvia. A cada paso que él daba, el corazón de ella iba deshilachándose. Un grito rasgó el aire al ver el cuerpo derrumbarse en un suspiro, abatido. Ese grito se enfrentó a la gran lluvia, enmudeciendola, que había sido el cómplice perfecto para el asesinato, testigo de los repetidos encuentros y encubridora de los pasos de los captores. Echó a correr entre la lluvia, recogiendo los bajos de su vestido. Unicamente podía oirsele a ella repetir su nombre rasgando su garganta. Se arrodilló al llegar a su cuerpo tendido. Le dio la vuelta y le vio, luchando por permanecer al lado de la persona que inspiraba su corazón. Intentó esbozar una sonrisa y un enorme dolor se reflejo en su rostro. 'No te vayas' dijo ella sollozando, mientras se inclinaba. Y deleitó su último sentido: el tacto y sabor de sus labios nunca fueron mejores. Sabía la razón de todo aquello. Habían sido castigados por no obedecer y por querer ser libres, ser ellos mismos. Al separar sus labios fue capaz de sentir como él exhalaba su ultimo aliento. Lloró sobre su pecho inerte. Oyó unos pasos que se acercaban y un sonido de un arma. Se incorporó, sabiendo lo que le deparaba el destino. Y, por última vez, la lluvia fue cómplice y encubrió lo sucedido con esos dos jóvenes amantes, celosa por tal muestra de amor puro.


Haber si te gusta mas lo del grito perforador xDDDD

Esque no hablo con propiedad ay
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« Respuesta #3 en: 24 de Mayo de 2009, 19:22:59 »

lulu sigues manteniendo el "ese porche" ¬¬' xP

Con lo de los pasos y lluvia, tienes dos "parecía" bastante seguidos ^^u yo que tú lo cambiaría por otro como "asemejaba" "aparentaba"....


Citar
Ese grito se enfrentó a la gran lluvia, enmudeciendola, que había sido el cómplice perfecto para el asesinato, testigo de los repetidos encuentros y encubridora de los pasos de los captores

Ese grito se enfrentó a la lluvia, (intentado enmudecerla/enmudeciendo el sonido de su repicar...). Lluvia que había sido cómplice......

Citar
Echó a correr entre la lluvia

si haces caso a lo anterior quitas eso ^^' lo anterior lo veo necesario... :P pero ponerlo aquí de nuevo redunda un huevo xD

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« Respuesta #4 en: 24 de Mayo de 2009, 19:32:07 »

No me permites ni un fallo Doc =P

'¡No te vayas!'. Su voz resonó contra las paredes y el techo de aquel porche de piedra. Ambiciosa como siempre, la lluvia intentaba ahogar su voz con sus aguas torrenciales y bañar sus encuentros con el mismo silencio, que ya era otra parte de ellos. Mientras le miraba a él y esperaba a que se diese la vuelta, se frotaba los brazos. No lo hacia por el frio del tiempo, lo hacía por otro frío, peor aún si cabía. Era el del miedo, el miedo que sentía por dentro. En el fondo sabía que esta sería la ultima vez que le vería, no habría otro encuentro y no volvería a sumergirse en esos ojos azules, profundos como el mismo mar. Ese era el único lugar donde encontraba la paz, la tranquilidad que tanto ansiaba: el único sitio donde quería estar. Caminó despacio hacia él, que aún le daba la espalda. Podía oir la lluvia intentar tapar el ruido de sus pasos. Era como si quisieran vencerse el uno al otro: la lluvía parecía querer callarlos, dejarlos suspendidos en el aire, evitar su vuelo, matar su amor. Sus pasos, por contra, no querían nada más que darle alas a ese amor, lanzar un grito desesperado para evitar que se consuma la esperanza de los dos corazones jóvenes. Cuando llegó a su altura le abrazó por la espalda y se ciñó a él. No queria dejarle escapar, aunque sabía que este vuelo iba a hacerlo solo. Cerró los ojos y dejó que su presencia le invadiese por sus otros sentidos. Se deleitaba con cada pizca de aroma que olía, con cada centímetro de piel que tocaba... 'No te vayas' volvió a decir en un susurro, pero él le contestó  que no tenía otra opción, que tenía que irse para dejar de ponerla en peligro. Ella sabía por qué lo hacía. Sintió el amago de él por querer liberarse y tras varios intentos los consiguió. Ella abrió los ojos y le vio internarse en la lluvia. A cada paso que él daba, el corazón de ella iba deshilachándose. Un grito rasgó el aire al ver el cuerpo derrumbarse en un suspiro, abatido. Ese grito se enfrentó a la gran lluvia, enmudeciendo su repicar, lluvia que había sido el cómplice perfecto para el asesinato, testigo de los repetidos encuentros y encubridora de los pasos de los captores. Echó a correr, recogiendo los bajos de su vestido. Unicamente podía oirsele a ella repetir su nombre rasgando su garganta. Se arrodilló al llegar a su cuerpo tendido. Le dio la vuelta y le vio, luchando por permanecer al lado de la persona que inspiraba su corazón. Intentó esbozar una sonrisa y un enorme dolor se reflejo en su rostro. 'No te vayas' dijo ella sollozando, mientras se inclinaba. Y deleitó su último sentido: el tacto y sabor de sus labios nunca fueron mejores. Sabía la razón de todo aquello. Habían sido castigados por no obedecer y por querer ser libres, ser ellos mismos. Al separar sus labios fue capaz de sentir como él exhalaba su ultimo aliento. Lloró sobre su pecho inerte. Oyó unos pasos que se acercaban y un sonido de un arma. Se incorporó, sabiendo lo que le deparaba el destino. Y, por última vez, la lluvia fue cómplice y encubrió lo sucedido con esos dos jóvenes amantes, celosa por tal muestra de amor puro.

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« Respuesta #5 en: 24 de Mayo de 2009, 19:50:55 »

No me digas Doc que recuerdo al de regreso al futuro cagaito xDDD

Citar
Podía oir la lluvia intentar tapar el ruido de sus pasos
le quita toda la suavidad a la lectura xD mejor "ocultar el sonido de sus pasos xP "

y por lo demás está bien monomi xDDDDDDDDDDD voy a empezar a cobrarte WD xP
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« Respuesta #6 en: 24 de Mayo de 2009, 19:52:29 »

Pues yo vengo a traer una mierda friki que escribí en Portugal en clases de Sociología de las organizaciones, tan frikada es que os aconsejo que lo paseis por alto y ni lo leais, yo lo dejo por como quien firma en la hoja de asistencias de clase y pasa de tomar apuntes (exactamente porque así surgió, iba a las clases estás de sociología para dar jactancia de mi presencia)

El cazador y la criatura

El olor a sangre llenaba el ambiente, ese aroma salado tan familiar para el cazador. Se paseo distraído por la comisaría S.T.A.R destruida haciendo ruido con sus botas militares al hacer añicos los cachos de vidrio que había en el suelo. La destrucción había sido total, tanto la infraestructura como los cadáveres lo corroboraban. La criatura era mortalmente eficaz. Krauser lo había presenciado desde la azotea de un edificio cercano, observó como el Némesis armado con su gatling y su bazooka destruía la comisaría y a todos los que había en ella. A la criatura sólo le interesaban los S.T.A.R, pensó Krauser mientras apartaba un cadáver con el pie; al Némesis no le importaba absolutamente nada más. El cazador soltó un leve bufido despreocupado mientras observaba los cuerpos muertos de los policías de elite. Sus chalecos antibalas fueron tan inútiles como un chubasquero ante un día de granizo. Los proyectiles de la gatling los había perforado y atravesado sin ninguna dificultad despedazando carne y huesos por igual.
 
El extraño picor saco al cazador de sus pensamientos. Krauser se rascó el brazo izquierdo con insistencia, pero era como si el picor estuviera pegado a sus huesos, por mucho que rascaba no encontraba alivio. Era como si millares de hormigas se estuvieran paseando por sus venas. El cazador agitó la cabeza obligándose a concentrarse. Ese malestar no le tenía que despistar. Con cierta pereza se apoyo en la pared y sacando su cuchillo de la funda que tenía a su espalda a la altura de la cintura lo hizo bailar entre sus dedos. El tacto suave y frío del mango del cuchillo reconfortó al cazador. La hoja de su arma le devolvía una mirada dura y fría. Instintivamente su otra mano busco el tacto de su arco y sus flechas. Jack Krauser respiró tranquilo, tenía todo lo necesario para enviar al Némesis al infierno del que provenía. El cazador sabía que sus armas podían parecer toscas y obsoletas comparándolas con las que portaba la criatura, pero en las manos de un verdadero guerrero se tornaban mortales. A Krauser nunca le habían gustado mucho las armas de fuego. Siempre le habían parecido indignas. Cualquier imbécil era capaz de aprender a manejar una pistola y matar con ella. Sin embargo el cazador sabía que pocos eran los que tenían el valor de mirar a los ojos de su víctima de cerca, sintiendo en tu rostro su último expiro y la expresión de su mirada. Pocos llegaban a encontrar la belleza a un honorable combate cuerpo a cuerpo.
 
Jack Krauser se agachó mirando con curiosidad el cuerpo de un S.T.A.R en el suelo a sus pies. Una mirada suplicante se clavó en sus ojos. Ese S.T.A.R seguía vivo. Una mueca divertida vino a la cara del cazador. Unos cuantos boquetes en el pecho del policía emanaban sangre en finos hilillos. Las heridas eran graves, realmente tenía fuerza de voluntad para no haber sucumbido a la perdida del sentido. El cazador no retiró la mirada de los ojos del hombre moribundo hasta que la vida dejó su cuerpo. Se quedo agachado un tiempo más mientras en su cabeza evaluaba posibles ideas con respecto al Némesis. Si la criatura sólo le interesaban los S.T.A.R él mismo le daría uno más al que perseguir. Con movimientos precisos y demasiado rápidos para seguirlos con el ojo humano el cazador cortó con su cuchillo las correas que cerraban el chaleco antibalas del policía recientemente muerto. Haciendo danzar su cuchillo Krauser lo devolvió a su funda y acto seguido le quito el chaleco antibalas al cadáver para ponérselo él. Al cazador no le interesaba la escasa protección que le brindaba el chaleco, sólo le importaba las siglas S.T.A.R escritas en blanco en la espalda. A Jack Krauser sólo le faltaba hacer una cosa más para tornarse en un S.T.A.R a los ojos de la criatura. Pasando los dedos de una mano por un charco de sangre se pintó la cara con ella. Krauser recordó una vieja cita: el mal cazador persigue a su presa, el buen cazador la espera.

                                                *                    *                    *
 
 
Jack Krauser permanecía agazapado con el arco listo y presto allí encima de toda esa pila de contenedores industriales. Observó por enésimo vez el almacén, los contenedores se amontonaban uno encima de otro configurando la sala en una serie de pasillos paralelos y perpendiculares. El cazador había escogido ese sitio para su encuentro con la criatura meticulosamente. Los pasillos estrechos y largos servirían para neutralizar en parte que el Némesis usara la gatling en abanicos. Además de eso la posición elevada en la que se encontraba Krauser le proporcionaba ventaja. Podría moverse saltando de pila en pila de contenedores mientras la bestia tendría que recorrer los pasillos. A mayores se había echo con un potente foco reflector y lo había subido a donde se encontraba con ayuda de una grúa. El foco apuntaba directamente a la puerta principal lista para cegar al monstruo según entrara.
 
El cazador cambió su punto de apoyo en la otra pierna, prácticamente inmóvil a lo largo de su espera. Todos sus sentidos centrados y en alerta. Tenía que ser rápido cuando la criatura apareciera; rápido y preciso. Krauser se rascó su brazo izquierdo distraídamente. El picor se había convertido más bien en ardor y a veces pequeños bultos aparecían en sus venas recorriéndolas de principio a fin con cada bombeo del corazón. El cazador agitó la cabeza obligándose a concentrar, no tenía tiempo para preocuparse en necedades. La bestia podía aparecer en cualquier momento. Acarició las plumas de la flecha encajada ya en la cuerda del arco. Sabía que la criatura podría tardar días en aparecer, a Krauser no le importaba, no tenía ningún tipo de prisa. Era paciente, y ni el hambre ni el cansancio habrían mella en su concentración.
 
Un pequeño y casi imperceptible temblor en el suelo puso aun más en alerta al cazador. Escudriñó en la semipenumbra del ocaso la puerta principal del almacén esperando ver a su presa. Tensó ligeramente la cuerda del arco y guiñó el ojo. "Aparece", susurró Jack Krauser. Y el Némesis, como atendiendo a su plegaria emergió. Literalmente emergió a través de la puerta de metal, la cual saltó de sus encajes y voló un par de metros ante la arremetida de la bestia. Krauser reaccionó rápidamente, en menos de un segundo el foco ya estaba encendido cegando a la criatura, la cuerda del arco se tensó y se soltó, la flecha surcó el aire y se clavo en el ojo izquierdo del Némesis con mortífera precisión. Un aullido sobrenatural retumbó en el almacén. En la cara del cazador apareció una sonrisa satisfecha a medida que el aullido le perforaba los tímpanos, mientras en su mano alcanzaba otra flecha de su carcaj y encajándola en la cuerda comenzaba a calibrar el siguiente disparo con intención de dejar ciega a la bestia. Pero la caza de una bestia tan poderosa no podía ser tan fácil, con un rugido la criatura alzó su bazooka y apuntó hacia el foco. El cazador saltó hacia otro contenedor quitándose de en medio antes de que el proyectil hiciera impacto en su objetivo. La onda expansiva de la explosión hizo que Krauser volara unos metros más cayendo pesadamente contra la superficie del contenedor. Con un bufido el cazador se levantó mientras recuperaba el aire con unas heridas superficiales provenientes de los pedazos del vidrio del foco en la espalda. Arco en mano se preparó para el combate. La gatling del Némesis escupió muerte y Krauser sintió como la superficie del contenedor se sacudía ante los impactos de las balas. El cazador permaneció tirado sabiendo que su posición elevada y el contenedor le proporcionaban cobertura. Cuando el incesante martilleo de la gatling paró Jack Krauser corrió y saltó pasando de un contenedor al siguiente. Más proyectiles silbaron a su alrededor. El Némesis no le quitaba el ojo sano de encima.
 
El cazador sabía que a la criatura le sería imposible trepar hasta donde él se encontraba, sólo podría moverse a lo largo de los pasillos. Krauser se movió agazapado sin hacer ningún ruido en perfecto equilibrio, buscaba ganarle la espalda a la bestia y descargar una andanada de flechas sobre ella antes de que la gatling le obligara a esconderse de nuevo. Al menos el bazooka ya le era al Némesis inutilizable desprovisto de más proyectiles explosivos. El sentido de la orientación del cazador agudizado por años de entrenamiento y misiones le decía que la criatura se encontraba a dos pasillos más allá. Ágil como un felino y sin Acer ningún tipo de ruido Krauser salvó la distancia entre él y el Némesis con unos saltos y unas zancadas. El arco se volvió a tensar. Con pulso firme de asomó encontrándose con que la bestia estaba a unos metros de él sin parar de mover la cabeza buscándole. La reacción de Krauser fue rápida, tensó más la cuerda hasta dar de si los músculos de su brazo y soltó. La flecha se clavó un palmo en la carne del Némesis entre su cuello y su hombro. La criatura volvió a aullar y se arrancó de cuajo la saeta con pasmosa ferocidad. El cazador se dispuso a saltar a la pila de contenedores de en frente pero la reacción de la bestia le pilló por sorpresa. La criatura arremetió contra el contenedor que había de baso a la pila en la que se encontraba Krauser. La sacudida fue tan grande que el cazador apenas pudo reaccionar a tiempo y se precipitó al vacío junto con los contenedores. Krauser giró en el aire intentando caer bien contra el suelo y evitar daños mayores en los más de cinco metros que había de caída. Impactó con el suelo de hormigón con el antebrazo  y con la rodilla y rodó antes de que un contenedor le aplastara sin dejar de aferrar su arco. Un gruñido se le escapó de entre los dientes apretados. No había cabida para el dolor. Lo único que le importaba era su presa. Volteando la cabeza el cazador buscó a su presa. Sólo encontró unos contenedores amontonados aparatosamente. Sabía que la criatura no estaba muerta. Lo sabía porque él no la había matado. Un brazo marrón, curtido y del grosor de un tronco emergió de entre los contenedores. Krauser comenzó a retroceder con el arco presto. Al brazo le siguió un hombro, y al hombro un cuerpo.
 
El cazador con la emoción de la caza no había reparado en que el ardor extraño en el brazo izquierdo iba en aumento y que una sucesión rápida de bultos corrían por las venas. Krauser no tuvo tiempo para preocuparse por su brazo, las flechas volaban de su arco a la criatura. La cara del Némesis no reflejaba dolor, ni siquiera ira. Era el rostro de una marioneta. De repente, la bestia dejó de estar allí para estar en frente del cazador. Un impresionante puñetazo le alcanzó a Krauser en el pecho vaciando sus pulmones, rompiéndole unas costillas y mandándole unos muchos metros hacia atrás. El keblar del chaleco antibalas S.T.A.R muerto fue tan útil como protección como una camisa de seda. Krauser entre estertores de dolor tirado en el suelo no llegaba a alcanzar a comprender como semejante masa de músculos y carne era tan rápido. Su naturaleza no era humana. Tosió con fuerza mientras trataba de incorporarse y se alegró de ver que no tosía sangre. Las costillas rotas no le habían perforado los pulmones. Las extremidades le temblaban un poco debido al golpe, pero cuando el Némesis cargó contra él pretendiendo aplastarlo contra la pared el temblor cesó neutralizado por la adrenalina. El cazador rodó por el suelo esquivando a duras penas la embestida. La pared no detuvo a la criatura. Pedazos de ladrillo y cemento saltaron por los aires cuando la bestia literalmente atravesó el muro. Con una voltereta ágil Krauser se reincorporó con los dientes apretados negándose a ceder al dolor. El cazador sacó su cuchillo de la funda del cuero viendo que el arco yacía en el suelo a unos cuantos metros de él. Lanzó el cuchillo al aire y lo cogió con la otra mano. Sólo quedaba la honorabilidad de un combate cuerpo a cuerpo.
 
El Némesis volvió a internarse en el almacén por el boquete que hizo por el que salió. Su respiración ni siquiera parecía agitada, su pecho apenas subía y bajaba debajo de su traje de cuero negro. Krauser se preguntó si la bestia respiraría realmente. Ni siquiera el Némesis mostró dolor cuando se arrancó de cuajo la última flecha de su cuerpo. El cazador gruño mientras señalaba a la criatura con su cuchillo y veía como la carne se regeneraba rápidamente no dejando huella de la herida producida por la saeta. No le pintaban bien las cosas a Krauser y él lo sabía.
 
La bestia avanzó hacia el cazador y con un movimiento en péndulo de su brazo lo intentó golpear. El Némesis para su corpulencia era extremadamente ágil, pero ni de lejos se podía equiparar con la que poseía Jack Krauser. El cazador se agachó y giró sobre si mismo esquivando el puñetazo asestándole una formidable patada en la rodilla de la bestia. Krauser esperaba oír el clásico chasquido de la rótula al quebrarse, pero en su lugar se encontró con que la pierna del Némesis había sido como golpear una tubería de acero enterrada varios metros en el sólido hormigón. El cazador tuvo que rodar de nuevo cuando el Némesis con los dos puños al unísono pretendió aplastarlo contra el suelo. El hormigón del suelo se quebró y agrietó ante semejante fuerza bruta y un temblor recorrió todo el almacén industrial.

El cazador sabía que tenía que dedicarse a contraatacar, esperar a que la bestia diera el primer paso y dejara sus defensas descubiertas. Cuando el Némesis volvió a arremeter con los puños Krauser retrocedió con un salto ágil poniendo distancia entre él y la criatura, y, flexionando las piernas se propulsó hacia su presa. Con un zigzag rapidísimo Krauser le ganó la posición por el costado dándole un profundo tajo por debajo de de las costillas. El Némesis giró sobre si mismo con un gruñido moviendo su brazo en forma de péndulo intentando encontrar a su enemigo. Su brazo sólo encontró aire, el cazador se había escabullido por su lado izquierdo, donde la criatura ya no tenía el ojo y si un ángulo muerto. Dos profundas cuchilladas aparecieron en la carne de la bestia, uno en el codo y otro en la muñeca. Jack Krauser ya había optado por intentar inutilizar alguna extremidad del monstruo.

El rostro de la bestia seguía sin mostrar emoción alguna, sólo esa macabra sonrisa que no podía ocultar por no tener labios. Unos cuantos metros separaban al cazador de su presa. En su mano el cuchillo y la mirada clavada en el Némesis. Tanto el monstruo como Krauser se movían lateralmente como dos luchadores de sumo dentro del círculo de combate. La bestia aprendía, no era sólo una masa uniforme de músculos. No se volvería a lanzar a la carga buscando la superioridad por la fuerza y el peso. Los andares de Jack Krauser eran engreídos, lanzando una y otra vez el cuchillo al aire, estudiando con la mirada a su presa completamente erguido, sin adoptar postura defensiva. La criatura se mantenía expectante con esa sonrisa imperecedera. El cazador amagó lanzarse a la carga y acto seguido pateó una caja de madera lanzándosela a la bestia queriendo pillarla por sorpresa. Pero el sorprendido fue Krauser cuando una especie de tentáculos salieron de la mano de la bestia (¿o salieron de debajo del traje de cuero negro?) reventando la caja e impactándole en la cara al cazador. Sintió como miles de agujas le rasgaban la cara desde el ojo a la boca, como las agujas le inyectaban algo. El cazador retrocedió aferrándose el rostro con la mano libre mientras contenía un alarido cegado del ojo. Sintió una presión horrorosa corriéndole por las venas, un veneno o algo mucho peor. El pánico invadió el cuerpo de Jack Krauser. Su respiración se agitó violentamente y sus pulsaciones ascendieron rápidamente. El icor que le había inoculado la bestia le estaba enloqueciendo. Un gemido escapó de entre sus labios. Entonces, su brazo izquierdo, el que le picaba y después quemaba, actuó. Sí, actuó. Fue como si el brazo “succionara” ese veneno, sintió como el veneno de la criatura comenzó a correr por sus venas en dirección a su brazo y, sin explicación alguna, su brazo lo neutralizó. Le dejo de doler la cabeza. Krauser no sabía que pasaba pero no le importó. Lo que le importaba al cazador era devolverle la jugada al Némesis.

La criatura mientras tanto se mantenía impasible. Como si ya hubiera ganado la batalla. Era como si por su experiencia supiera que con ese “veneno” ya había vencido. Pero no esta vez. Con el único jo sano el cazador cuchillo en mano señaló a la criatura. El Némesis aulló tomándolo como un desafío. La rabia dentro de Krauser latió con fuerza. Con un grito el cazador se lanzó a la carga. La criatura repitió su jugada anterior y alzando el brazo los tentáculos brotaron saliendo disparados contra su enemigo. Krauser esta vez no se dejó pillar por sorpresa. Con una sonrisa perversa en los labios esquivó los tentáculos y, acto seguido, los enrolló en su brazo. Sus músculos se tensaron intentando hacer caer a la bestia, pero el Némesis no se dio por vencido y tiró hacia sí mismo. La situación durante unos segundos se convirtió en un juego de sogatira. El cazador era fuerte y musculazo, con los dientes apretados y la rabia en la mirada sintió como su presa le ganaba en ese especie de pulso cuando acabó cediendo. Jack Krauser literalmente voló cuando con una batida de brazo el Némesis le estrelló contra una pared. Una punzada de terrible dolor recorrió la columna vertebral del cazador como si fuera un escalofrío, aun así Krauser se negó a soltar los tentáculos. La criatura repitió el proceso y, antes de que el cazador cayera al suelo, echó todo su cuerpo hacia atrás y después rápidamente hacia delante pretendiendo estampar contra el suelo en un volteo al cazador. Esta vez no lo consiguió, John Krauser, ágil como un felino, apoyándose en el antebrazo rodó sin magullarse, rodeó una columna de hormigón e hincando un pie en dicha columna y cogiendo los tentáculos con ambas manos tiró con fuerza pretendiendo tumbar al Némesis. Todos y cada uno de los músculos de su cuerpo se centran en esa tarea. El pie apoyado en la columna, usando su propio peso, con un gruñido procedente de las entrañas dio el último tirón y la bestia cayó de bruces al suelo al haberle pillado al contrapeso.

Krauser no se molestó en celebrarlo, todavía no estaba ganado. Echando mano al cuchillo cortó los tentáculos del Némesis y empuñando su arma blanca con las dos manos saltó dispuesto a enterrar la hoja de su cuchillo en la cabeza de la criatura. El sonido del metal al chocar contra el hormigón del suelo llenó el almacén. La bestia había rodado esquivando el golpe fatal por escasos centímetros. El cazador no perdió el tiempo y volvió a la carga con un rugido.

*                    *                    *

Ambos oponentes estaban cegados de un ojo, pero la balanza se decantaba hacia el lado del Némesis, era más fuerte y sus heridas se regeneraban. Krauser, sin embargo, sentía el cansancio del combate y tenía alguna costilla rota. En todo eso pensaba el cazador mientras la criatura le abrazaba con todas sus fuerzas en un abrazo fatal. Su brazo derecho estaba preso, precisamente era la mano de ese brazo el que tenía el cuchillo. Mientras sentía como sus huesos se quebraban y sus pulmones no podían recoger más aire Krauser clavaba sin fuerza su cuchillo en el abdomen de la bestia sin que está se quejara si quiera. El dolor le invadía y le enloquecía. Le era imposible zafarse de ese abrazo de hierro, por el contrario la presión ascendía. Cambió de estrategia mientras sentía el aliento gélido del Némesis en la cara. Su brazo izquierdo, el que estaba libre, le ardía tanto que le quemaba y dolía, pero al cazador no le importó mientras daba puñetazo tras puñetazo al rostro de la criatura. El Némesis parecía que ni los sentía. Era como si un niño intentara partir un coco a puñetazos. A Jack Krauser le inundó un mareo proveniente de no poder respirar. El pánico le volvió a invadir y el cazador lo volvió a alejar como pudo. Seguía golpeando al Némesis en la cara  sin efecto. El pánico se volvió tan tangible como el fatídico abrazo. No pudo alejarlo. Siguió dando puñetazos preso del miedo, sintiendo el toque de la muerte. Entonces su brazo izquierdo le dejó de arder, le dejó de quemar. Sintió como la carne del brazo se rasgaba, como los huesos se remodelaban. Vio ante sus propios ojos asombrados mientras no dejaban de golpear a la criatura como su brazo se deformaba, como su puño desaparecía hasta que su extremidad se convertía con un último espasmo en una cuchilla enorme. Vio como su brazo hecho cuchilla reventaba en pedazos la cabeza del Némesis pringándole la cara con un icor amarillento. El abrazo de hierro cesó, y cadáver y cazador cayeron al suelo.

Jack Krauser apoyándose en su brazo humano se levantó con gran esfuerzo. Su cuerpo le dolía. Su respiración volvió. Pero no se percató de nada de eso. Estaba embelesado contemplando su brazo izquierdo, o lo que había sido su brazo. Contemplaba asustado y emocionado su extremidad. Su nueva arma. Contemplaba el poder. Se viró y miro a su presa. La había dado muerte. La había dado caza. El cadáver sin cabeza del Némesis lo corroboraba. Alzó el puño sujetando su cuchillo en señal de victoria y con la mirada buscó una de las múltiples cámaras que plagaban el almacén.

*                    *                    *

Al otro lado de las cámaras Albert Wesker con los dedos entrelazados sonreía satisfecho. Sus gafas de sol reflejaban las miles de pantallas que había en la sala que estaba. Girándose miró a la mujer que a su derecha estaba de pie.

-¿Qué te parece? –inquirió Wesker a la mujer.

Ada Wong se apartó un mechón de pelo que le caía sobre los ojos. Su mirada escrutaba la pantalla en la que se veía a Krauser y el cadáver del Némesis.

-Que a Krauser le quedará una bonita cicatriz –dijo como respuesta la mujer.

La sonrisa de Wesker se agrandó. Pocas cosas llegaban a impresionar a la bella Ada.

-Me refería al parásito, a la Plaga –apuntó el dirigente de Umbrella.
-Rentable –respondió Ada sin dejar de mirar la pantalla. Sin duda alguna ese parásito resucitado del sectario Osmund Saddler le interesaba a la organización.
-¿Y en cuánto a Jack Krauser? –volvió a preguntar Albert Wesker.

Ada Wong desvió la mirada a los ojos de Wesker. Esa pregunta no valía la pena responderla, los hechos hablaban por si solos. Krauser había liquidado a un Némesis. Aun con la ayuda del parásito era un acto de renombre. Sus armas habían sido un arco y un cuchillo.

El dirigente de Umbrella interpretó el silencio de su subordinada correctamente y asintió levemente. Había sido una grata sorpresa la “aparición” del parásito en el cuerpo de Jack Krauser. No habían puesto sólo a prueba al cazador sino también al parásito. Las Plagas eran altamente rentables, compensaría el desembolso del Némesis muerto.

La mujer seguía embutida en sus pensamientos y reflexiones. Había algo que se le escapaba a su comprensión, pensó mientras veía en la pantalla como el brazo mutante de Krauser volvía a la normalidad.

-Pensaba que las Plagas eran unos parásitos –comentó más para si misma que para Wesker.

Albert sonrío y sus gafas de sol disimularon el brillo que había aparecido en sus ojos. Ada tenía cerebro y sabía usarlo.

-Nuestro científico infiltrado en la secta de los Iluminados notificó que había encontrado dos anomalías en huéspedes de las Plagas –comenzó a explicar-. Hay dos casos por el momento en que el parásito deja de ser un parásito para convertirse en un simbionte. El alcalde Bitores Méndez y el propio Osmund Saddler. Estábamos investigando el cómo y el por qué.

La respuesta satisfago a Ada Wong. Wesker había sido muy inteligente al colar un científico español llamado Luis Sera en la secta de Saddler.

-Sería mejor decir que ya son tres los que presentan esa anomalía –puntualizó Ada mientras volvía su mirada a Jack Krauser.

Wesker asintió en silencio.

-Los síntomas de que el parásito se convierte en simbionte se manifiesta de la misma manera que acaba de descubrir Krauser. Con algo de práctica llegará a controlar completamente su nuevo juguetito que es su brazo –explicó el dirigente de Umbrella-. Además, los huéspedes no pueden ser controlados con ese báculo que lleva siempre Saddler que usa para controlar a todos los habitantes de ese pueblo norteño español.
-¿Y qué me dices de cómo Krauser neutralizó el virus-G que le inyectó el Némesis? –inquirió Ada todavía con curiosidad mientras recordaba como literalmente el brazo nuevo de Krauser absorbía y neutralizaba el virus. O más bien no el brazo sino el parásito, o simbionte, o lo que diablos fuera aquello.
-Un inesperado giro de los acontecimientos no previsto, pero de un increíble atractivo para nuestras futuras investigaciones –dijo casi sonriente Albert Wesker.

El dirigente de Umbrella fue a añadir algo más, pero una llamada a su pinganillo retuvo su atención. Ada prestó atención a su lenguaje gestual intentando adivinar que le estaban comunicando a Wesker. Él, como siempre, no expresó nada, su rostro era neutral y no delataba emoción alguna.

-Osmund Saddler ha descubierto a nuestro científico infiltrado –comentó Wesker con un tono que invitaba a pensar que no le preocupaba el bienestar de Luis Sera si no su misión-. Prepárate para marchar a España ahora mismo. Tienes que recuperar el contacto con Sera. Le descubrieron justo cuando robó la muestra de las Plagas. Ahora mismo está huido e ilocalizable.

Para Ada no hizo falta que Wesker dijera nada más, sabía lo que tenía que hacer. Recuperar la muestra. Sin despedirse Ada Wong se dio la vuelta y se alejó. Albert Wesker en silencio vio como su más eficaz subordinada se marchaba y como ondulaba su vestido rojo y su espalda parcialmente desnuda. Su mejor agente marchaba a España. Si has leído hasta aquí, es que eres tan friki como yo
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« Respuesta #7 en: 24 de Mayo de 2009, 19:55:38 »

Josema, prometo leerlo luego, que no es una frikada ya lo veras =P

Y que tal Cris si pongo "Podia oir la lluvia intentar tapar el sonido de sus pasos resonantes"? xD si, me ha molado lo de resonantes xD
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« Respuesta #8 en: 24 de Mayo de 2009, 20:07:57 »

wo Josemaaaaaaa! pido continuacióN! y no es una frikada....solo en parte WD xDDDDDDDD buaah mola un huevo ^^

No Mario xD deja el resonantes en paz, no encaja xP los pasos, los sonidos, nada resuena así porque sí, sería contra el porche, pero, ah! en el porche no resuena porque está abierto al exterior :P no andas cambiando de escenario así que....
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« Respuesta #9 en: 24 de Mayo de 2009, 20:24:03 »

No hay continuación posible Cris xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD Tal y como acaba el relato es como comenzaría el Resident Evil 4 xD Lo siento mucho :P Este es un relato en el cual he narrado de manera ficticia "cosas" que no quedaban claras en el videojuego (si quieres te las cuento XD), aunado a la frikada de que Krauser (personaje del RE4) y el Némesis (RE3) se enfrentaran en combate :P
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« Respuesta #10 en: 24 de Mayo de 2009, 20:32:47 »

era coña xDDDDDDDDDDDDD tal como termina, una continuación sobraría :P mola más dejarlo a la imaginación *o* ^^ sep, jugué al RE xDDDDDDDDDD reconocí a los pjs xP pero me gustó cómo lo describiste todo, el manejo que tienes en recrear escenas y situaciones ^^

((Aunque si te digo la verdad, ni me fijé en que mezclabas de dos juegos distintos xDDDDDDDD psé :P )) sii cuenta ^^ qué partes te parece que no quedaban explicadas ¿?
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« Respuesta #11 en: 24 de Mayo de 2009, 20:48:44 »

Me alegro que te gustara ^^ Se aprecia más habiendo jugado al videojuego :P

A ver, antes de explicarlo me gustaría matizar que es MI explicación, no es la verdadera puesto que no es la que ha dicho Capcom xD pues lo que explico es el tema de la cicatriz que tiene Krauser en el cara, cómo se la hizo el Némesis. Otra es como el parásito de las Plagas resulta que tres individuos pueden ejercer la mutación a voluntad, que no te dicen porqué en el videojuego y de como Krauser no es controlado por Sadler. Aparte de eso estaría el por qué de que Krauser trabaje para Umbrella de infiltrado en la secta de los Iluminados y conozca a Ada. También estaría sobre todo el tema de argumentar uniendo a Némesis con Krauser en un relato :P y de como ligarlo de manera directa con los sucesos del RE4 a través de Wesker y Ada :P Hay otras muchas inventadas ^^
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« Respuesta #12 en: 20 de Noviembre de 2010, 21:18:05 »

Mariuuuu peroais o quien quiera :P llevo con un pedaaaaazo bloqueo creativo mucho tiempo ^^u escribo algo y no me gusta, lo reescribo y lo vuelvo a reescribir (por eso se me va tanto la pinza en el rpg xDDDDD desconecta xP). Y... en fin, quería conseguir un prólogo chuli cachuli, en plan dark, guerra, devastación, llantos...y quedó en piltrafilla pero we xD ¿Podeis criticar//recrear//objetar//ayudar en algo con esta mieeeeeeeerda? Danke.



"Rhediad, hwy cyrraedd"  (Corred, ya llegan)"

“Maent ymhobman (Están por todas partes)”
.
.
.

"Dyma nhw" (Están aquí)




La lluvia caía tenaz e inexorable sobre la devastada ciudad de Abberhag. Un trueno retumbó en lo alto, cubriendo el sonido de sus pisadas. Las gotas acariciaban su piel, la ropa se pegaba a su cuerpo como un amante insatisfecho. Jadeaba. Temblaba. Tenía miedo, sentía frío… se notaba más pequeño de lo que realmente era. Tan solo quería acurrucarse bajo una manta y esperar a que todo pasase. Pero no iba a ser así. No esta vez.

El joven, apenas mayor que un niño, se atrevió a echar un vistazo por encima del hombro. Estaba solo, nadie le perseguía…y nadie le acompañaba. Un sollozo pugnó por escapar de sus labios pero lo contuvo a tiempo, aún no del todo desesperanzado. Podía encontrar a sus amigos, a su hermano, aún podía.

Un grito desgarrador surgió de entre la oscuridad a sus espaldas, un trueno compitió contra el sobrenatural chillido, que se cortó abruptamente.

“¡Hather!”

No pudo evitar gritar deteniéndose en seco, con el corazón en un puño. Quiso dar vuelta atrás, pero una figura le adelantó corriendo y, sin apenas pausarse, le tomó de la mano, comenzando a tirar de él.

“¡Por aquí!”- exigió la figura, con aprensión.

Seán le siguió a duras penas, chapoteando a través del fango. Dirigió su mano libre hacia su cara, para retirarse el pelo apelmazado que cubría sus ojos como un pesado velo. Un velo que desearía, hubiese ocultado todo el horror de esa noche. Pero no lo había hecho. Le había dejado ver la crueldad, la maldad, y la brutalidad. Le había permitido ver y sentir la muerte. Y oírla.

“¿Qué le ocurrió a Hather?”

Preguntó, o más bien lloró, temiendo y a la vez deseando la respuesta. La persona que tiraba de él, su hermano mayor, giró por la siguiente desviación, sin responder, y Seán no tuvo más remedio que seguirle, resbalando con torpeza al dar el brusco giro.

“¡¡Más rápido!!”

“¡Voy todo lo rápido que puedo!”- se quejó él, sin aliento.

Avanzaba a trompicones, sus cortas piernas clamando un descanso, la cabeza retumbando con el eco de los truenos, los ojos irritados, pidiendo un respiro de los sollozos que sacudían su ser. Estaba desorientado, asustado, conmovido.

Torcieron de nuevo, esta vez hacia la izquierda, y fueron a parar a un callejón sin salida. Ambos se pararon, respirando agitados.

“¿Qué le ocurrió a Hather?”- insistió el chico.

No quería saber. Pero lo necesitaba, necesitaba saber que su hermana estaba viva, que no había perdido a otro miembro de la familia, no de nuevo. No otro más.  No tan seguido.

"¿La rescatarás?"

Se incorporó a medias mirando con angustia a su hermano. Si Adam no iba, iría él. El pequeño de los hermanos apretó los puños, la garganta seca, los ojos anegados.

"Tienes que ir. Tienes que rescatarla. ¡Hazlo!"

Insisitó con torpeza, atragantándose con las lágrimas que seguían fluyendo.

"Por favor..."- gimió.

Adam le agarró por los hombros y lo zarandeó. El cuerpo del hermano pequeño se balanceó como el de una marioneta rota, y aún después de haber sido soltado, seguía temblando. Como también temblaba el cuerpo de Adam, presa del pánico y la inquietud.

“¡¡Ahora no, Seán!!”- gritó alterado.

El aludido, poco acostumbrado a que su hermano se enfadase con él, se silenció, intimidado. Fugaces pensamientos sobre huir de él y dar media vuelta para encontrar a su hermana Hather, llegaron y se fueron. Aún estaba aterrorizado, no podía dar más de dos pasos sin tambalearse, y la idea de que también podría perder a su hermano si se alejaba de él era insoportable. No quería estar solo.

“Tiene que estar aquí. Lo sé.”

Murmuraba Adam, pasando una mano sobre la lisa y fría pared de piedra. Seán le contemplaba enmudecido. No entendía qué estaba haciendo pero él era su hermano mayor, él sabría. Él solucionaría todo.... ¿verdad?

“He oído algo”

La voz fue traída por el viento. Ambos hermanos se quedaron congelados por un momento. Al siguiente Adam de nuevo se afanaba en encontrar algo en la pared.

“JODER”- masculló, comenzando a arañar el muro, desesperado.

Un momento más tarde, sus dedos encontraron dos muescas apenas perceptibles entre dos piedras de distinto grosor e introdujo allí sus dedos.

“¡Ayúdame aquí!”

El chico acudió solícito y ambos empujaron el muro que se abrió unos centímetros. Adam agarró nuevamente por los hombros a su hermano pequeño y lo enfrentó a él.

“Escúchame atentamente porque solo te lo diré una vez.”- Ordenó, sacando algo del bolsillo que depositó en la mano de Sean. “Pasando ese hueco hay una escalera que termina en un laberinto de túneles. Ve hacia la izquierda. La siguiente bifurcación, debes tomar el camino de la izquierda. Siempre hacia la izquierda. Cuando hayas girado cinco veces, aproxímate a la pared. Encontrarás unas escaleras que salen a la parte externa de la muralla. Sube por ellas. Y luego corre hacia el bosque, sin mirar atrás ¿te ha quedado claro?”

El chiquillo asintió, su mano convertida en un puño sobre el objeto de frío metal que una vez su hermano había jurado proteger y que ahora, él debía llevar. Adam sonrió acariciándole la cabeza.

“¿Qué harás tú?”

Preguntó, ansioso por equivocarse. Su hermano, dándole la espalda, se aproximó hacia el comienzo del callejón.
 
“Ayudar a Hather. Encontrar a Garrett…”

"No..."- suplicó en voz apenas audible. No quería estar solo.

Los gritos se escuchaban más cercanos. Las espadas cortas salieron de sus fundas.

“…partir unas cuantas cabezas.”

Adam le sonrió por encima del hombro. Los ojos marrones destellando con diversión por sobre el dolor que cubría su alma.

“Awr ehedeg*, Seán. Sé valiente, hermano”

El aludido intentó sonreír a través de las lágrimas que no paraban de brotar de sus enrojecidos ojos. Sabía lo que Adam intentaba hacer, sabía por qué lo hacía. Su sangre, sus orígenes, le pedían clamar venganza por la destrucción de su familia y su pueblo. También sabía lo que debía hacer él, que tenía que proteger el objeto sagrado con su cuerpo y alma. Y para ello tenía que sobrevivir, aunque fuera lo último que deseaba en aquel momento. Las palabras se desprendieron de sus labios, entrecortadas y vacilantes.

“Da boch, braisg brawd**."

Sus miradas conectaron a través del espacio. Muchas cosas se compartieron en poco tiempo: afecto, dolor, tristeza...entendimiento. Adam asintió, enseriándose, y volteó de nuevo. Sus armas parecieron refulgir a la luz de una luna que al fin había decidido reaparecer de entre las nubes para la batalla. Dio un paso adelante. Y luego otro.

"Se feliz."

Adam corrió más allá del callejón, internándose en la oscuridad con un grito de rabia, las armas alzadas, la mirada decidida.

"Rwy'n dy garu di, brawd***"

La voz del chiquillo se quebró en llanto, sus palabras envueltas por la niebla, arrastradas por el viento, perdidas en el olvido.

"Awr ehedeg"



* Awr ehedeg = Hora de volar
** Da boch, braisg brawd = Adiós, hermano mayor.
*** Te quiero, hermano

No sé tampoco si cortarlo aquí o poner que se cierra el muro tras el guajeee  dont xD pa que se entienda que sobrevivió WD

PD: Noooo, no es incesssto xDDDDDD era admiración de hermano peque xD
« Última modificación: 21 de Noviembre de 2010, 14:58:33 por nahesse » En línea

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« Respuesta #13 en: 21 de Noviembre de 2010, 17:58:47 »

Ya te he dicho que iba a ser quisquilloso, pues aquí me tienes =P

Al principio, donde dices «un amante insatisfecho», como de primeras aún no has dejado claro el sexo del personaje principal, del que se empieza a hablar, yo (como papel de lector “tonto al que le tienes que dar todo mascado” que me adjudico xD) entiendo que es una chica/mujer, por el simple hecho que el básico funcionamiento mental es que las mujeres tienen amantes masculinos. Entonces, yo pondría una amante insatisfecha, porque luego con el «más pequeño de lo que era» en un principio (milésimas) confundes. Me han enseñado que estas cosas en pequeñas dosis vale, pero si tienes cositas de estas bastante a menudo en relatos largos, cansas y provocas que el espectador cierre el libro. Son esfuerzos mentales que provocas al lector, y es aconsejable evitarlos en la medida de lo posible, a no ser que la intención sea esa =P

Cambiaría las comas de «, aún podía» y «, un trueno compitió…» y las cambiaría por puntos. A mí me daría más la sensación de que todo sucede más deprisa y de forma más simultánea.

El «sin apenas pausarse»… a mí el verbo me resulta extraño xD. Yo lo cambiaría por un detenerse si quieres mantener un registro menos habitual… o con un simple pararse también puede valerte ^^ Es que tiene un matiz de que algo es pausado por una acción externa… es decir se interrumpe (RAE dixit) y tú no te interrumpes, algo externo te interrumpe. Tú te detienes o te paras =P

En «Le había permitido ver y sentir la muerte. Y oírla.» Aquí lo juntaría yuxtapuesto con comas y le quitaría la ye xD «y». Vamos, aquí lo argumento por mantener ese ritmo frenético que quieres mantener y hacer patente la tensión de la escena.

Marca en los diálogos quién dice qué… porque hay veces que no queda del todo claro (esfuerzo mental =P)

«Sus cortas piernas clamando un descanso» Uso incorrecto (a mi parecer, me suena raro xD) del gerundio. Cámbialo por «clamaban».

Bueno, recojo toda la frase esa: «Avanzaba a trompicones, sus cortas piernas clamando un descanso, la cabeza retumbando con el eco de los truenos, los ojos irritados, pidiendo un respiro de los sollozos que sacudían su ser.»

Lo dejaría así: Avanzaba a trompicones y sus cortas piernas clamaban descanso. El eco de los truenos retumbaban en su cabeza; sus ojos, irritados, pedían un respiro de los sollozos que sacudían su ser.»

Si te mola así, bien xD si no yo quitaría al menos los gerundios ^^

No lo quería saber. Sin el «lo» la frase queda coja.

«aún después de haber sido soltado» Por favor, PASIVAS NO (xD). Da la sensación de ser una (mala) traducción en vez de un original en buen español. Si quieres mantener la estructura, pon «aún después de haberle soltado»… aunque tendrías que reformular la frase algo así como «Adam le agarró por los hombros y lo zarandeó como si fuese una marioneta rota, abatida. Aún después de haberle soltado, Seán/el chico seguía temblando».
Si no te gusta el cambiar toda la frase, recurre a algo así como [a partir de aquí cambio de comillas, que el Word me da la lata ¬¬] “aún cuando lo soltó, el chico seguía temblando”. Usaría un pretérito simple, pero marcaría que es el chico el que tiembla y que el que lo suelta es Adam, para no dejar ambigüedad posible.

“para encontrar a su hermana Hather, llegaron y se fueron” la coma fuera, está entre sujeto y predicado (!) xD

“sobre la lisa y fría pared de piedra” indica que es del callejón, que me quedé un poco WtF! Paredes que aparecen de repente *O* xDD

“él sabría” yo añadiría un “qué hacer”, porque si no a mi me da la sensación de que es el uso moderno de la construcción, que me denota pasotismo.

“La voz fue traída por el viento” pasivitas no… “El viento trajo consigo una voz”… no des giros extraños, las pasivas no son propias del español… volvería a dar la falsa sensación de mala traducción =P

“Al siguiente Adam” --> Al siguiente, Adam.

“empujaron el muro que se abrió unos centímetros”--> “empujaron el muro que, se […]”

“’ Escúchame atentamente porque solo te lo diré una vez.’” --> SÓLO. Por dios, no me hagas caso a la nueva Ortografía y acentúa siempre el sólo adverbio. Yo te lo agradeceré eternamente :)

“Ordenó, sacando” --> sin la coma. O deja la coma y cambia el gerundio por un verbo conjugado.

“La siguiente bifurcación” --> añadiría “En” delante y puede que quitaría la coma antes a “debes”.

“¿te ha quedado claro” --> Mayúscula en Te =P

“El chiquillo asintió, su mano convertida” --> O punto en lugar de coma, o cambiaría el participio por un verbo conjugado. Aunque “convertida en un puño” no me suena nada bien ^^ Pon que cerró la mano alrededor del objeto. Igualmente, haría el cambio del participio y quitaría la coma por el punto. La frase queda larga y si hay que leerla, te ahogas =P

“suplicó en voz apenas audible” --> suplicar con una voz ^^

“Los ojos marrones destellando con diversión” --> destellaron.

El primer “aludido” te lo he dejado pasar… no me convence, y menos que lo repitas. Si te gusta dejarlo por cuestión de estilo, déjalo una vez. Cámbialo en el resto. Suena extraño porque generalmente “aludido” se encuentra en un contexto judicial, más que en uno literario.

Demasiado adjetivo antepuesto, queda a lo mejor demasiado poético. Relee y pospón algunos de ellos, para que suene a un español más correcto en este contexto.

“Sus miradas conectaron a través del espacio” --> se conectaron o se cruzaron, lo que más te plazca =P

Entendimiento --> lo cambiaría por comprensión. Entendimiento es más usual en cuanto a nociones filosóficas y relacionadas con el alma. A mí me da que lo que quieres decir es que se entendían. Si es así, pues es que se comprendían =P

Volteó --> se volteó. Reflexivo en ese caso ^^

“Sus armas parecieron refulgir” --> me suena más natural parecían en lugar de parecieron. Me da más la sensación de duración de esa sensación.

“’Se feliz’” --> Sé =P

Y bueno, así en líneas generales, usa comillas latinas, que son las propias del español, o el formato diálogo del teatro, con rayas (–). Y a lo mejor los párrafos que sean descriptivos y vayan seguidos, los juntaría en lugar de dejar una línea en blanco entre ellos. Vamos, adaptarlo todo más al formato libro que estás acostumbrada (mucho más que yo =P) a ver.

Poquita cosa más, si quieres desarrolla un poco más las descripciones para darle algo más de chicha =P pero me ha gustado mucho, con ganas de saber más sobre qué pasa ^^

Luvoso
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♥ Gracias  Javi ♥


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nahesse
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Me ha guiñao un ojo kiaaaaaaa!! xDD Gracias Javi ♥


« Respuesta #14 en: 21 de Noviembre de 2010, 18:46:52 »

Una sirena quebró el silencio de la noche. Apenas unos minutos después se produjo la primera explosión.

- ¡¡Corred, ya llegan!!

Gritos y llantos histéricos se sucedieron por doquier. Las explosiones comenzaron a multiplicarse, y entretanto la gente corrió hacia las calles. Las cuales estaban plagadas de hombres armados.

- ¡¡Están por todas partes!!

La mujer se balanceaba de adelante para/hacia? atrás sin detenerse. Sus manos en la cabeza, sus ojos enloquecidos mirando la pared vacía delante suyo sin verla. Todo comenzaba de nuevo. En otro lugar. En otro tiempo. Las mismas personas. Los mismos errores.

- ¿Mamá?

- Corred- gruñó, con voz queda, sin desviar la mirada del frente.

Todo sucedía en un espacio muy lejano, como si no tuviera que ver con ella. Tenía la culpa de todo. Tendría que haberlo matado cuando tuvo ocasión. Pero era demasiado tarde. Había cometido errores. Muchos errores. Errores mortales.

- ¡¡Mamá!!- los gritos de sus hijos se fueron alejando. Los llantos fueron desapareciendo.
 
Su mente se fue distanciando de la realidad. Y de pronto, tal como había comenzado todo, se apagó. Las explosiones, los llantos, los gritos... Tan solo se oía el latido de su propio corazón. Y entonces lo supo.

Sus ojos, ciegos, permanecieron abiertos, clavados en el infinito. Dejó de balancearse. Dejó de moverse e incluso de respirar. La voz brotó de su cuerpo, enronquecida y silbante, llenando todo el espacio.

- Dyma nhw (Ya están aquí)


.
.
.

La lluvia caía tenaz e inexorable sobre la devastada ciudad de Abberhag intentando, sin éxito, ocultar el ruido de los zeppelin que sobrevolaban la zona. Las explosiones. Los disparos. Los gritos de terror y muerte.   

Un trueno retumbó en lo alto, cubriendo el sonido de las pisadas de Seán Sloan. Las gotas acariciaban su piel, la ropa se pegaba a su cuerpo como una amante insatisfecha. Jadeaba. Temblaba. Tenía miedo, sentía frío… se notaba más pequeño de lo que realmente era. Tan solo quería acurrucarse bajo una manta y esperar a que todo pasase. Pero no iba a ser así. No esta vez.

El joven, apenas mayor que un niño, se atrevió a echar un vistazo por encima del hombro y se detuvo. Estaba solo, nadie le perseguía…y nadie le acompañaba. Un sollozo pugnó por escapar de su adolorido pecho pero lo contuvo a tiempo, aún no del todo desesperanzado.

- ¿Hather?

Llamó, vacilante, esperando la respuesta de la persona que hasta entonces había corrido pocos pasos por detrás de él. Un grito desgarrador surgió de entre la oscuridad. Un trueno compitió contra el sobrenatural chillido, que se cortó abruptamente.

- ¡¡¡Hather!!!

No pudo evitar gritar con el corazón en un puño. Dio un paso hacia la oscuridad, queriendo llegar a su hermana, pero una figura que se aproximaba por su izquierda le adelantó corriendo y, sin apenas parar, le tomó de la mano, comenzando a tirar de él.

- ¡Por aquí!- exigió la figura, con un tono de voz urgente, casi ansioso-. No te detengas.

Seán le siguió a duras penas, demasiado desorientado como para negarse. Chapotearon a través del fango que cubría las calles de aquella parte de la ciudad. Una explosión atronó en un lugar cercano y ambos se agacharon instintivamente, temblando. No eran los únicos que corrían aquella nefasta noche. Pero sí parecían los únicos que tenían un rumbo fijo. Al menos Aidan Sloan parecía tenerlo.

Seán dirigió su mano libre hacia la cara para retirarse el pelo apelmazado que cubría sus ojos como un pesado velo. Un velo que, desearía, hubiese ocultado todo el horror de esa noche. Pero no lo había hecho. Le había dejado ver la crueldad, la maldad, y la brutalidad. Le había permitido ver, sentir y oír la muerte. El chico reprimió un escalofrío y, la mano que sujetaba la suya, le dio un tirón para seguir su camino.

- ¿¡Qué le ocurrió a Hather!?

Jadeó Seán temiendo, y a la vez deseando, una respuesta. La persona que tiraba de él, su hermano mayor, giró por la siguiente desviación, sin responder, y Seán no tuvo más remedio que seguirle, resbalando con torpeza al dar el brusco giro. Masculló una blasfemia pero no tanto por el dolor de retorcerse un pie que por el miedo a lo que hubiese sucedido a su hermana. A la que debía haber protegido. Su grito aún resonaba en sus oídos.

- ¡¡Más rápido!!- le exigió el mayor.

- ¡Voy todo lo rápido que puedo!- se quejó él, sin aliento y con voz temblorosa.

Avanzaba a trompicones, sus cortas piernas clamando por un descanso, su cabeza aturdida por las múltiples explosiones y tiroteos. Una sola idea cabía en su mente: era su culpa. Su hermana iba detrás de él. Y él había corrido demasiado deprisa. Si la hubiese esperado, si se hubiese mantenido a su ritmo...

- Te habrían pillado a tí también- gruñó su hermano apretándole la mano sin mirarlo.

Seán le miró confundido. Había hablado en voz alta. Prefirió no contestar a la provocación de su hermano y le dejó guiarle a través de las conocidas calles, que ahora se superponían unas sobre otras, confundiéndole por su similitud. No sabía ni dónde estaba o cómo podría volver a casa. Si es que aún tenían sitio al que poder volver.

El eco de los truenos retumbaba por encima de sus cabezas, acompañando las detonaciones cada vez más alejadas. Al parecer los zeppelin se dirigían  a la parte acomodada de la ciudad. Donde vivían los nobles. Seán tragó saliva asustado. Sabía que debía estar aliviado de que no les bombardeasen con tanta insistencia, pero lo que aquello implicaba era demasiado grande. No parecía un ataque más. No una represalia. Aquello era una declaración de guerra en toda regla. Nunca podrían volver a casa. Nunca podrían descansar. O dejar de huir. Ansiosamente se preguntó cuántas ciudades más estarían siendo arrasadas. Cuántas sucumbirían ante el horror de la guerra sin previo aviso. Cuánta gente más moriría.

Su hermano Aidan le soltó la mano y se detuvo automáticamente. Ambos estaban sudorosos y jadeantes. A Seán le costaba respirar pero aún así hizo un esfuerzo para hablar, con voz temblorosa y entrecortada.

-  ¿Qué está pasando?- un fuerte remordimiento le hizo preguntar por la que sería la pregunta que debería haber hecho de un comienzo- ¿Y Hather?

Tan solo recordar su lamento le sobrecogía como nunca antes. Solo los tenía a ellos. Sus dos hermanos y sus amigos: la pandilla. Juntos habían soportado la pobreza y maldades de las calles. Habían buscado la familia que perdieran tiempo atrás, tanto que algunos no recordaban tenerla. De hecho Seán no recordaba a su madre, que había muerto tiempo después de dar a luz a Hather. Se había ido apagando, consumiendo como una vela encendida, decía Aidan, no podían hacer nada por ella. Y su padre... su padre era un hombre alto y fuerte que de vez en cuando les daba palizas. El resto del tiempo estaba fuera, emborrachándose. Después de que su madre muriera, desapareció de sus vidas. Por tanto solo los tenía a ellos. Y ahora... ¿cuántos eran? ¿Cuántos sobrevivirían a aquella noche? Lo único que tenía claro era que había dejado que mataran a su hermana. No. Se corrigió. Había matado a su hermana.

- ¿La rescatarás?- su voz parecía lejana, no le pertenecía a él.

Cómo podía estar preguntando eso. Aún esperanzado. Como si hubiese alguna oportunidad. Iluso. Pero aún así se encontró aferrado como un necio a una ilusión.

- Tienes que ir. Tienes que rescatarla. Por favor...- la voz se le quebró.

Aidan le aferró por los hombros y lo zarandeó con facilidad, como si se tratara de una marioneta rota, abatida, hecha pedazos. Aún cuando lo soltó, Seán seguía temblando. Como también temblaba el cuerpo de Aidan, presa del pánico y la inquietud.

- ¡¡Ahora no, Seán!!- gritó alterado.

El pequeño, poco acostumbrado a que su hermano se enfadase con él, se silenció, inseguro. Podría ir él, podía buscar a su hermana y traerla hasta aquí. Frunció el ceño, preocupado, ni siquiera sabía dónde era "aquí". Y no había nadie cerca a quién preguntar. Todos corrían alocadamente intentando salir de la ciudad por las puertas principales. Ninguno pasaba por la zona en la que estaban ellos. Lo malo era que seguramente los accesos a la ciudad estarían cortados por hombres armados. Que dispararían a todo el que se moviese.

Seán se frotó la cara con las manos, limpiándose el agua de lluvia entremezclado con lágrimas. Aún estaba aterrorizado, no podía dar más de dos pasos sin tambalearse, pero si de él dependiera iría en busca de Heather. Miró hacia el comienzo del callejón duditativo y luego a su hermano, que se inclinaba sobre una pared de aspecto anodino, como todas las demás. Como todo lo demás.

- Tiene que estar aquí. Lo sé.

Murmuraba Aidan, pasando una mano sobre la lisa y fría pared de piedra del edificio que les bloqueaba el paso. Seán le contemplaba enmudecido. No entendía qué estaba haciendo pero él era su hermano mayor, él sabría qué hacer. Él solucionaría todo.... ¿verdad? Como siempre había hecho, desde que era pequeño, o bueno, más pequeño. Desde antes de que su madre se dejase morir. Antes de que quedasen en la calle. Y después. Y siempre. No podría seguir adelante sin su energía, se dio cuenta. De súbito la idea de que también podría perder a su hermano si se alejaba de él le sobresaltó. No podría soportarlo. No quería soportarlo... No quería estar solo.

- He oído algo

El viento trajo consigo una voz. Ambos hermanos se quedaron congelados por un momento. Al siguiente, Aidan de nuevo se afanaba en encontrar algo en la pared.

- JODER- masculló, comenzando a arañar el muro, desesperado.

Un momento más tarde, sus dedos encontraron dos muescas apenas perceptibles entre dos piedras de distinto grosor e introdujo allí sus dedos.

- ¡Ayúdame aquí!

El chico acudió solícito y ambos empujaron el muro, que se abrió unos centímetros. Aidan agarró nuevamente por los hombros a su hermano pequeño y lo enfrentó a él.

- Escúchame atentamente porque sólo te lo diré una vez-. Ordenó sacando algo del bolsillo que depositó en la mano de Sean. Sus dedos, ensangrentados, cerraron el puño del muchacho-. Pasando ese hueco hay una escalera que termina en un laberinto de túneles. Ve hacia la izquierda. En la siguiente bifurcación debes tomar el camino de la izquierda. Siempre hacia la izquierda. Cuando hayas girado cinco veces, aproxímate a la pared. Encontrarás unas escaleras que salen a la parte externa de la muralla. Sube por ellas. Y luego corre hacia el bosque, sin mirar atrás ¿Te ha quedado claro?

El chiquillo asintió atolondrado recibiendo como recompensa un apretón en un hombro. Sentía la mano cerrada en torno a un frío objeto de metal, que reconoció vagamente. Era el mismo que una vez su hermano había jurado proteger con su vida. Abrió los ojos asustado. Su vida. La respiración se le entrecortó.

- ¿Qué harás tú?

Preguntó con voz aguda, ansioso por equivocarse. Su hermano, dándole la espalda, se aproximó hacia el comienzo del callejón.
 
- Ayudar a Hather. Encontrar a Gareth…

¡¡No!!- suplicó mentalmente. No. Yo debería encontrarlos, soy responsable de que Hather no esté aquí. Yo debía morir en su lugar.

Conmocionado como estaba, tan solo consiguió abrir la boca sin pronunciar queja alguna. Sin exponer su decisión. No hacía falta. Aidan no le dejaría. El alto muchacho se alejó de su pequeño hermano por el camino contrario al que habían tomado antes. Solo.

Los gritos se escuchaban más cercanos. Las espadas cortas salieron de sus fundas. Su hermano le estaba diciendo algo, ¿verdad? Alzó la cabeza. Aún por encima del ruido consiguió escucharlo.

- …partir unas cuantas cabezas.

Aidan le sonrió por encima del hombro. Los ojos marrones destellaron con diversión por sobre el dolor que cubría su alma. Sobre la tortura que salpicaba a los dos como barro recién formado. Aidan asintió en su dirección con gesto seco.

- Awr ehedeg*, Seán. Sé valiente, hermano.

El menor intentó sonreír a través de las lágrimas que no paraban de brotar de sus enrojecidos ojos. Sabía lo que Aidan intentaba hacer, sabía por qué lo hacía. Su sangre, sus orígenes, le pedían clamar venganza por la destrucción de su familia y su pueblo. También sabía lo que debía hacer él, que tenía que proteger el objeto sagrado con su cuerpo y alma. Y para ello tenía que sobrevivir, aunque fuera lo último que deseaba en aquel momento. Las palabras se desprendieron de sus labios, entrecortadas y vacilantes.

- Da boch, braisg brawd**.

Sus miradas se conectaron a través del espacio. Muchas cosas se compartieron en poco tiempo: afecto, dolor, tristeza...comprensión. Aidan asintió, enseriándose, y se volteó de nuevo, seguro de que su hermano estaría en buenas manos en cuanto consiguiese traspasar los límites de la ciudad. Sus armas parecían refulgir a la luz de una luna que al fin había decidido reaparecer de entre las nubes para la batalla. Dio un paso adelante. Y luego otro. Confiado. Airado. Feroz.

- Sé feliz.

Aidan corrió más allá del callejón, internándose en la oscuridad con un grito de rabia, las armas alzadas, la mirada decidida. Seán le miró marchar, con la mano fuertemente apretada en torno al tesoro de Abberhag.

- Rwy'n dy garu di, brawd***

La voz del chiquillo se quebró en llanto, sus palabras envueltas por la niebla, arrastradas por el viento, perdidas en el olvido.

<<Awr ehedeg>>



* Awr ehedeg = Hora de volar
** Da boch, braisg brawd = Adiós, hermano mayor.
*** Rwy'n dy garu di, brawd= Te quiero, hermano




¿?
« Última modificación: 25 de Noviembre de 2010, 01:36:32 por nahesse » En línea

(♥)


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